Trabajar con personas que están pasando o han pasado por abuso emocional o narcisista es algo que me importa profundamente, porque es mucho más común de lo que la mayoría de la gente cree.
Muchas personas llegan a terapia sintiéndose confusas, ansiosas, emocionalmente agotadas o dudando de sí mismas, sin tener palabras claras para describir lo que han estado viviendo. A menudo, no es hasta las sesiones, cuando empiezan a aparecer los patrones, que reconocen la dinámica del abuso narcisista en sus vidas.
El abuso narcisista puede sentirse como una trampa invisible. Muchas personas se preguntan una y otra vez: “¿Por qué me quedé? ¿Por qué no me fui antes?”. La respuesta no está en la debilidad. Se encuentra en cómo nuestros cerebros, cuerpos y emociones responden al estrés y al trauma prolongados. Entender esto no solo aporta consuelo, también empodera. Muestra que quedarse rara vez es una decisión consciente o descuidada; suele ser el resultado de respuestas automáticas profundas diseñadas para protegernos.
Cómo Nos Atrapa
El abuso narcisista a menudo empieza de manera agradable. La pareja puede colmarte de atención, cumplidos y promesas —el clásico “bombardeo de amor”—. Luego, poco a poco, aparecen críticas, manipulación y control.
Este vaivén crea lo que los psicólogos llaman refuerzo intermitente. Es el mismo mecanismo que hace que las personas se enganchen al juego: la imprevisibilidad nos mantiene atentos, incluso cuando es dañina. Tu cuerpo sigue buscando esos momentos raros de recompensa o alivio, aunque la mayor parte del tiempo te sientas herido o inseguro.
Por Qué Nuestro Cerebro Nos Mantiene Atados
Tu cerebro está diseñado para protegerte, no para hacerte feliz. Cuando vives con abuso emocional, tu sistema aprende una función principal: mantenerse alerta y evitar más daño.
Con el tiempo, tu cuerpo se acostumbra a la mezcla de peligro y momentos de alivio ocasional. Esto genera confusión interna. Puedes saber que estar con alguien no es seguro y, al mismo tiempo, notar que tu cuerpo se relaja por un momento cuando su estado de ánimo se suaviza. No porque sean seguros, sino porque tu sistema nervioso está entrenado para detectar cualquier pequeño signo de alivio, calma o aprobación.
Tu cuerpo responde al alivio de la tensión, no a la seguridad real.
Incluso pequeños cambios en el humor del abusador pueden generar reacciones fuertes en ti. Una sonrisa, un tono más suave o un gesto amable breve puede sentirse como un respiro tras la tensión. Tu cuerpo se relaja un segundo —y ese alivio puede sentirse poderoso cuando has vivido bajo estrés constante.
Esto no es amor.
Es tu sistema nervioso reaccionando al contraste: tensión → breve alivio → tensión otra vez.
Ejemplo: María sabía que su pareja la dañaba. La mayor parte del tiempo se sentía tensa a su alrededor. Pero cuando él sonreía o era amable de repente, su cuerpo se relajaba un momento. No porque confiara en él, sino porque la tensión bajaba. Esa sensación breve de alivio hacía que su cuerpo esperara que el peligro hubiera pasado, aunque su mente sabía que el patrón se repetiría.
El Apego Temprano Moldea Patrones Adultos
Cómo nos relacionamos con los demás está profundamente influenciado por la infancia. Si creciste con cuidadores inconsistentes, controladores, emocionalmente indisponibles o que solo mostraban amor cuando eras “bueno”, tu sistema nervioso aprendió reglas poderosas sobre la conexión: el amor es imprevisible, la aprobación debe ganarse y tus necesidades pueden ser demasiado.
En la vida adulta, esto puede hacer que las relaciones narcisistas se sientan familiares, incluso cuando son dañinas. Algunas personas toleran la manipulación porque el caos les resulta normal. Otras se quedan porque aprendieron a ser “el bueno”: quien se adapta, mantiene la paz, no se queja y carga con el peso emocional de la relación.
Ejemplo: Tom creció con un padre que lo elogiaba un día y lo reprendía al siguiente. Aprendió a estar alerta y esforzarse por conseguir aprobación. De adulto, se sentía atraído por parejas que repetían ese patrón. Parte de él seguía intentando ser lo suficientemente bueno para sentirse elegido, aunque la relación le hiciera daño.
El Cuerpo Recuerda
El trauma no está solo en la mente; también se almacena en el cuerpo. El estrés crónico del abuso mantiene tu sistema nervioso en alerta constante, liberando hormonas como el cortisol y la adrenalina. Esto puede causar insomnio, problemas digestivos, tensión muscular y ansiedad constante.
Desde una perspectiva somática o energética, el abuso emocional puede sentirse como bloqueos en tu energía personal. Tu sentido del yo, tu confianza y tus límites pueden sentirse dispersos o débiles. La sanación requiere abordar cerebro y cuerpo: liberar tensión, reentrenar el sistema nervioso y recuperar tu energía.
Ejemplo: Tras años con una pareja controladora, Sofía sentía el pecho apretado y el estómago anudado cada vez que pensaba en afirmarse. No era solo emocional: era una huella física del trauma que necesitaba atención.

Por Qué Es Difícil Irse
Todos estos factores —neurología, historia de apego y respuestas corporales— se combinan en lo que se llama vínculo traumático. Esto ocurre cuando tu sistema nervioso, emociones y pensamientos se enredan en la relación, haciendo que dejarla se sienta casi imposible.
Incluso pequeños gestos de amabilidad del abusador pueden generar una respuesta emocional intensa, creando esperanza y apego pese al daño repetido. No es debilidad; es biología.
Ejemplo: Cada vez que la pareja de James se disculpaba tras un estallido, sentía un alivio y conexión momentáneos. Su cerebro recordaba la “recompensa”, aunque la relación no era segura. Con el tiempo, estos pequeños momentos lo mantenían regresando, esperando estabilidad que nunca llegaba.
Historias Reales: Arquetipos
Para que la psicología sea más clara, aquí hay seis tipos de personas a menudo atrapadas en abuso narcisista:
1. El Cuidador: Siempre Responsable de los Demás
Antecedentes: Emma creció en una familia donde debía gestionar las emociones de sus hermanos y los estados de ánimo de sus padres. El amor era condicional: si “se comportaba”, recibía recompensa; si no, crítica.
En la relación: Su pareja narcisista la criticaba constantemente, pero ocasionalmente la elogiaba de maneras que recordaban la atención que deseaba de niña. Se quedó porque irse se sentía como fallar en su “responsabilidad”.
Momento Ajá: Se dio cuenta de que había aprendido a sobrevivir priorizando las necesidades de los demás por encima de las suyas, y que irse no era egoísmo, sino recuperar su vida.
2. Apego Ansioso: Miedo al Abandono
Antecedentes: James tuvo una infancia con cuidadores inconsistentes: elogios un día, abandono al siguiente.
En la relación: Los altibajos de su pareja reflejaban su infancia. Cada gesto afectuoso le daba esperanza, cada discusión provocaba pánico. Irse se sentía imposible por miedo a perder esos pequeños momentos de conexión.
Momento Ajá: Quedarse no era prueba de amor, sino que su sistema nervioso repetía patrones antiguos de supervivencia. Entenderlo le dio la libertad de marcharse.
3. El Altamente Exitoso: Persiguiendo Aprobación
Antecedentes: Sophia se basaba en logros y validación externa. El amor infantil era condicional: el éxito traía elogios, los errores, crítica.
En la relación: Su pareja narcisista criticaba su trabajo, apariencia y decisiones, pero de vez en cuando le daba aprobación. Se quedó con la esperanza de “arreglar” la relación y finalmente ganar amor incondicional.
Momento Ajá: Perseguir la aprobación había sido un patrón de toda la vida; dejar la relación era libertad, no fracaso.
4. Tipo Independiente/Evitativo: Autosuficiente a su Manera
Antecedentes: Alex valoraba la independencia y rara vez dependía de otros. Aprendió que expresar necesidades emocionales no era seguro.
En la relación: Toleraba el abuso porque la conexión intermitente parecía suficiente, y dejarlo significaba enfrentar vacío emocional que no estaba listo para manejar.
Momento Ajá: Entendió que quedarse no era debilidad, sino que su sistema nervioso buscaba un tipo familiar —aunque inseguro— de apego.
5. Complaciente / Empático: Absorbiendo al Otro
Antecedentes: Lily era muy intuitiva y sensible, siempre priorizando emociones ajenas sobre las propias.
En la relación: El estado de ánimo de su pareja dictaba el suyo. Se quedó porque ayudar o “arreglar” lo hacía sentir valorada, aunque la agotara completamente.
Momento Ajá: Comprendió que no era responsable de “arreglar” a otra persona, y que proteger su propia energía era un acto de amor propio, no egoísmo.
6. Baja Autoestima / Identidad Perdida
Antecedentes: Mark nunca se sintió suficiente como niño. Ignoraba sus deseos para evitar críticas o conflictos.
En la relación: Su pareja lo criticaba y despreciaba constantemente. Dejarlo se sentía imposible porque había perdido contacto con su propia identidad.
Momento Ajá: Se dio cuenta de que quedarse tenía menos que ver con amor y más con nunca haber aprendido a confiar en sí mismo. Reconstruir su sentido de identidad hizo que irse fuera no solo posible, sino necesario.

Cambiando la Forma de Reaccionar con Hipnoterapia Transformacional
El verdadero cambio no llega solo por dejar la relación o poner límites: sucede abordando los patrones subconscientes que te mantienen atrapado. Ayudo a las personas a lograrlo a través del poder de la hipnoterapia transformacional, trabajando directamente con la mente, el cuerpo y el sistema nervioso para liberar traumas antiguos, reentrenar respuestas automáticas y recuperar energía y autoestima.
- Descubrir patrones subconscientes: identificar las creencias internas ocultas que impulsan tus reacciones, para entender por qué te quedaste y dejar de culparte.
- Liberar tensión y miedo almacenados: mediante regresión guiada a la raíz de tus problemas y tu historia, permitimos que tu cuerpo y sistema nervioso liberen el trauma de manera segura, calmando ansiedad, tensión o pánico.
- Transformar creencias limitantes: desafiar los mensajes falsos del abusador y reemplazarlos por verdades empoderadoras, como “No soy el problema”.
- Reconstruir límites y respeto propio: fortaleciendo tu espacio personal, energía y autoestima, para responder desde la elección, no desde el miedo o la costumbre.
- Integrar mente, cuerpo y energía: abordando todos los niveles de tu ser, para sentirte seguro, enraizado y al control de tu vida.
El Camino a Seguir
Quedarse en una relación narcisista rara vez tiene que ver con debilidad: tiene que ver con instintos de supervivencia, condicionamiento temprano y la memoria del trauma en el cuerpo. Entender estas fuerzas te da claridad, compasión por ti mismo y un camino hacia la transformación.
Recuperarte significa reconectar contigo, recuperar tus límites y reentrenar tu cerebro y cuerpo para reconocer seguridad y autoestima. Cuando mente, cuerpo y energía se alinean, irse deja de ser una pregunta: se convierte en un paso natural hacia la libertad y la vida auténtica.
Referencias
- Villiers, H., & McKenna, K. (2020). You Are Not the Problem: Surviving and Thriving After Narcissistic Abuse.
- Durvasula, R. (2017). Should I Stay or Should I Go?: Surviving a Relationship with a Narcissist.
- Durvasula, R. (2022). It’s Not You: Identifying and Healing from Narcissistic People.
- van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma.
- Porges, S. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation.
Aviso: Todos los nombres, ejemplos e historias en este artículo son ficticios y se utilizan solo con fines ilustrativos. No están basados en personas reales ni en experiencias de clientes. Cualquier parecido con personas o situaciones reales es pura coincidencia.

