La prisión más difícil de abandonar es la que hemos construido para sentirnos seguros.
Es una prisión invisible, construida a lo largo de los años por nuestra mente subconsciente, cuyo trabajo principal es protegernos y asegurar nuestra supervivencia. Esta prisión nos resulta familiar, incluso reconfortante a veces, porque está diseñada para protegernos del dolor, el rechazo o el fracaso que hemos encontrado en el pasado. Pero también es lo que nos impide crecer, sanar y vivir plenamente.
Nuestra mente subconsciente es antigua: sigue siendo “homo sapiens” en su núcleo, programada para sobrevivir en un mundo donde el peligro acechaba en cada esquina. No distingue entre la amenaza de un animal salvaje y el miedo a la vulnerabilidad emocional o a probar algo nuevo. Para el subconsciente, la incomodidad es igual a peligro. El cambio es igual a riesgo. Y el riesgo, por pequeño que sea, es algo que evita instintivamente.
Por eso, cuando tratamos de liberarnos de viejos patrones, ya sea saliendo de la codependencia, liberando creencias limitantes o persiguiendo un sueño, nuestra mente subconsciente se resiste. Susurra: “Quédate aquí. Es más seguro. Conoces este lugar”. Se aferra a lo familiar, incluso si lo familiar es doloroso o sofocante.
Pero esta es la verdad: la seguridad no es lo mismo que la libertad. Los muros que construimos para mantenernos a salvo también nos mantienen estancados. Nos impiden experimentar la plenitud de la vida: la alegría, la conexión, el crecimiento que surge al adentrarse en lo desconocido.
¿Cómo nos liberamos?
1. Reconoce la prisión
El primer paso es tomar conciencia. Reconoce las formas en que tu subconsciente ha creado esta prisión. Comprende que no es un defecto, sino un mecanismo de supervivencia. Agradécele por intentar protegerte, pero recuérdale que estás list@ para algo más.
2. Redefine la seguridad
La verdadera seguridad no proviene de evitar la vida, sino de saber que puedes manejar lo que se te presente. Desarrolla resiliencia interior recordándote tus fortalezas, tu capacidad de sanar y el apoyo que tienes a tu disposición.
3. Acepta la incomodidad
El crecimiento requiere aceptar la incomodidad, pero la incomodidad no es un peligro. Reformula esos sentimientos de miedo o incertidumbre como señales de que te estás expandiendo, no de que estás fracasando.
4. Trabaja con tu subconsciente
Las prácticas de transformación pueden ayudarte a reprogramar tu mente subconsciente para aceptar el cambio. Cuando alineas tus creencias internas con tu deseo de crecimiento, los muros de tu prisión comienzan a derrumbarse.
Recuerda que tu mente subconsciente es poderosa, pero tú también lo eres. Tienes la capacidad de reprogramarla, de enseñarle que la libertad y el crecimiento son seguros. El viaje puede parecer incierto, pero conduce a una vida mucho más rica y satisfactoria que la prisión de la falsa seguridad.
La prisión más difícil de abandonar es la que has construido para sentirte seguro, pero también es aquella cuya llave siempre ha estado en tus manos. 🗝️

